miércoles, 3 de junio de 2009

EL HOMBRE EN EL HOGAR

EL HOMBRE EN EL HOGAR



Los estereotipos, tan comúnmente utilizados, reducen las labores del género masculino dentro del hogar, a la lectura del periódico, hablar con el género femenino y estar atentos, de vez en cuando, a lo que hacen los descendientes.

Es decir en, ningún momento, se define su posible colaboración en las labores del hogar, estos tan odiosos trabajos, de lavar los platos, barrer la casa, lavar y tender la ropa, deshacer y hacer la cama, quitar el polvo, hacer la compra y, un largo etcétera……….. .

Semejante omisión, no hace más que perpetuar los estereotipos de género, el género femenino en casa y, si es independiente a contribuir con un segundo sueldo y, el masculino a proveer el sustento familiar.

Pero, que ocurriría si, estos estereotipos se rompieran, que el hombre, tomará la decisión de colaborar con la mujer, en la ejecución de las labores del hogar, posiblemente nada, de puertas para adentro y, un escándalo de puertas afuera.

Por qué ‘’’’’’’’’’’, tan extraño es que, en el siglo XXI, el hombre no pueda colaborar en las tareas del hogar, que mal, hay en ello, es que, por hacerlo perderá alguno de sus privilegios, disminuirá su masculinidad, se le verá como un bicho raro, Ó, sencillamente se producirá un punto de ruptura, se romperá una lanza a favor de la igualdad de género, se iniciará un proceso de olvido de todos estos estereotipos obsoletos, históricamente proclamados y transmitidos de generación en generación.

Seamos consecuentes con nuestros actos, defendemos la igualdad de género, pregonamos que creemos en ella, pero, por una extraña circunstancia, no nos la aplicamos, es más fácil, esperar a que, otros lo hagan y, se arriesguen a ser mal considerados y atacados en su integridad, a lanzarnos al ruedo de “las bestias” a defender nuestra forma de pensar y obrar.

Somos mayoritariamente, una burda falsificación de un defensor de derechos, somos egoístas, impera el ego propio y, estamos ciegos en nuestras perspectivas, el “yo” propio no nos deja ver el concepto general, el género masculino está contaminado con muchos prejuicios, unos innatos, otros adquiridos, que constituyen una pesada carga, que por mucho que lo intentemos, no nos podemos quitar.

Es necesario, un cambio de mentalidad, de enfoque de este tipo de cosas, de hacer un examen de mía culpa, de sentarnos a dialogar con el género femenino y con los de nuestro género, exponer todas las opciones, las opiniones, las objeciones, de tener el firme propósito de cambiar nuestra forma de obrar y, lo más importante de deshacer estos estereotipos que obstaculizan la realización de este acercamiento.





Queda suficientemente demostrado que, el hombre al igual que la mujer, debe realizar las tareas del hogar, que debe existir una división de las mismas, adaptando cada una de ellas a la constitución física de la mujer y del hombre que, no va a ocurrir, ninguna hecatombe, ni caerá el sol, ni habrá cataclismos, ni aparecerá publicado en los medios de comunicación, tan sólo se producirá un punto de ruptura, una brecha, en todas las costumbre adquiridas y en los estereotipos de género, por mucho que lo temamos, no sucederá nada más.

Que dirán las mujeres, que opinaran, lo haremos tal como ellas quieren, habrá consenso